¿Seleccionarías para un puesto de trabajo que tenéis disponible en vuestra organización al chico de la foto de la cabecera de este post? Sé que la respuesta puede no ser fácil en un primer momento. Te dejo unos minutos para que lo pienses…

¿Ya tienes la respuesta?, genial. No hace falta que me la digas, me gustaría ofrecerte unos datos.

Y si te digo que este chico tiene un doble Grado en Derecho y Ciencias Políticas, Máster en relaciones internacionales y habla dos idiomas además de nuestra lengua materna. Acaba de llegar de trabajar en el extranjero y está intentando probar suerte en España. ¿Lo contratarías ahora? Piénsalo…

El tema es cuanto menos espinoso y aunque a algunos les pueda parecer superficial, no lo es en absoluto. Es cierto que la sociedad ha avanzado mucho y que ciertos prejuicios que venían existiendo hasta hace poco años, en la actualidad han desaparecido. Aún así creo que aún es mucho el camino por recorrer.

Durante muchos años he trabajo formando a los profesionales del sector turístico de Andalucía y en clase siempre surgía la misma pregunta. ¿Hasta que punto puede influir mi imagen a la hora de encontrar empleo? ¿Siguen las empresas dándole un gran peso a la apariencia y a lo que se ve externamente o ha quedado a un lado y lo único que importa es que el candidato sea el mejor para el puesto que tengo libre? Respuestas para estas cuestiones, tantas como personas estéis leyendo este post. Mi reflexión al respecto, cristalina. ¿Podemos permitirnos desperdiciar potenciales talentos simplemente porque su imagen no es tal y como esperamos o nos gustaría?

El mundo ha evolucionado a mucha velocidad y lo que hasta hace apenas 5 o 6 años nos parecía muy extraño en la actualidad se ha vuelto normal. Ya nadie (o casi nadie) se extraña de ver a un dependiente de Carrefour o Zara tatuado. La imagen comienza a quedar en un segundo plano para poner encima de la mesa la capacidad para hacer frente al puesto independientemente de como me vista, mi corte de pelo o los tatuajes que lleve. Sé que algunos me diréis que esto solo aplica a determinados puestos y que no en todos los casos ni en todas las empresas esto es viable. Aún así, si las empresas donde la atención al cliente es el core de su organización han avanzado en este aspecto, no creo que las demás no puedan hacerlo.

Llevaba meses queriendo hacer esta reflexión y justo hoy ha llegado a mis manos esta imagen que me ha transmitido las ideas necesarias en torno a ese gran cambio en el que nos encontramos inmersos. Las empresas comienzan a cambiar su manera de entender las cosas, revisan sus valores e intentan adaptarse, en la medida de lo posible, al nuevo escenario en el que nos toca vivir. En este nuevo escenario encontrarte con un perfil como el del chico de nuestro post va a ser lo más normal del mundo, por lo que debemos pensar si estamos preparados para gestionarlo sin caer en viejos errores.

Al fin y al cabo en una sociedad que presume de madurez y modernidad estas cosas ya no deberían llamarnos la atención, ¿o si? Sin duda, si con este post te he hecho pensar y reflexionar, he conseguido mi objetivo. Y ahora vuelvo a repetírtelo, ¿lo contratarías?

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