Con el verano ya terminado y habiendo tenido este año un poco más de tiempo de lo habitual para pensar y reflexionar sobre algunos temas, vuelvo a la carga con algo que para mi es fundamental tanto en el ámbito personal como en el profesional. Estas tres semanas me han permitido observar y madurar, de manera pausada y con espíritu crítico, muchas situaciones que en el día a día, aunque me llaman la atención o me parecen que se salen un poco de la lógica, no tengo tiempo de analizar.

Este tema no es otro que la coherencia. Coherencia en lo que hacemos y no hacemos, en lo que decimos y no decimos, en lo que pensamos y hacemos y en lo que decimos que vamos a hacer y finalmente no hacemos. Coherencia, 10 letras mágicas que en los últimos tiempos no pasan por sus mejores momentos.

Os cito más abajo las definiciones que la RAE nos da de esta palabra:

Sencillo de entender, ¿o no? A simple vista no parece haber ningún problema. Entonces, ¿por qué es tan difícil poner en práctica? ¿Por qué continuamente hacemos algo absolutamente contrario u opuesto a lo que sentimos, pensamos o predicamos? Sin duda, no son buenos momentos para cultivar este preciado bien, situación a la que la sobreexposición a la que nos sometemos continuamente y muy especialmente a través de las redes sociales tampoco ayuda. Es triste ver como existen cada vez más personas que comentan, predican o dan consejos sobre determinados temas o situaciones, que después se saltan a la torera en su vida diaria (si te das un paseo con espíritu analítico por Facebook, por poner un ejemplo, te darás cuenta de lo que digo).

Es triste comprobar como el sinsentido de relaciones vacias de contenidos y basadas unicamente en el qué puedo obtener de ti, están cada vez más de moda. Y lo que más tristeza me provoca es como se está comenzando a normalizar. Incoherencias en lo que decimos de cara a la galería y después realmente pensamos o hacemos. Estas situaciones nos dejan casi a diario momentos de incoherencia absoluta y una sensación de que la autenticidad y la cordura están en peligro de extinción. Y lo más preocupante de esto es que la situación empeora por momentos.

En relación al mundo 2.0, que de manera consciente o inconsciente (perdonadme mi falta de fe en la humanidad) tantas de estas situaciones provoca, creo que sería muy pero que muy productivo pararse, reflexionar un tiempo y valorar si practicamos o no está coherencia. Este nuevo mundo nacía para crear relaciones y redes más allá de nuestro entorno más cercano y tristemente, (aunque con excepciones como en todos los ámbitos) su objetivo (bajo mi manera de ver el mundo) no se está cumpliendo como esperába(mos). Y en parte, la culpa de todo esto, la tiene sin duda alguna nuestra falta de coherencia y consistencia.

Mucho ruido y pocas redes

En definitiva, deseo con todas mis fuerzas que las aguas vuelvan a su cauce y los disparates que diariamente presenciamos y que no hacen más que confirmar esta teoría, nos sirvan para recuperar la coherencia y el sentido común, aspectos ambos, en plena crisis existencial.

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