Lo que 2018 me ha enseñado sobre Recursos Humanos

Lo que 2018 me ha enseñado sobre Recursos Humanos

El 2018 va llegando a su fin y es hora de hacer balance de lo vivido. Cientos de experiencias que me han llevado por toda España en este bonito oficio de acompañar personas y hacer crecer el negocio a través de ellas.

Nunca un año había dado para tanto, profesionalmente hablando. Estoy convencido que en este último año he aprendido más que en los últimos cinco y todo ello gracias a mi nueva forma de ver la cosas. Gracias también a dejar de hacer lo que se supone que debo hacer para comenzar a hacer lo que creo que debo hacer.

Mis aprendizajes

Y en este camino, he tenido grandes aprendizajes vinculados a las personas y a su impacto en las organizaciones. De todos ellos, me quedo con:

  1. Solo aquellas empresas que verdaderamente crean en su recurso más valioso (las personas) serán capaces de sobrevivir en este complejo mundo en el que vivimos. Aún me duele ver como se ningunea y se juega sin ningún tipo de escrúpulos con el desarrollo y el futuro de los profesionales que deciden embarcarse en un proyecto profesional. Las personas son las que dan sentido a la organización, de otro modo solo tenemos paredes y espacios vacios. Nuestra prioridad deben ser las personas. Pasemos de que estar con nosotros sea lo mejor de lo peor a una relación donde ambas partes ganamos y todos nos sentimos parte de un mismo objetivo.
  2. La formación y el desarrollo de los equipos debe ser una línea estratégica y no un lastre. Es decir, si seguimos creyendo que invertir recursos económicos en la mejora de nuestros equipos de trabajo es tirar el dinero tenemos dos problemas: por un lado, estamos irremediablemente apostando por nuestra propia mediocridad al no desarrollar vías para ser mejores y más competitivos y por otro, quizás el problema lo tengamos nosotros cuando decimos que esa formación no vale para nada porque no estemos midiendo el impacto y la transferencia real al puesto de trabajo.
  3. Apostar por el talento no debe ser simplemente un eslogan vacío de contenido. Apostar por el talento debe ser un plan de acción que lleve a estas personas a dar lo mejor de si para nuestra organización. Cansado, muy cansado, de ver como algunas organizaciones piensan que el talento se va a quedar con nosotros simplemente porque tengamos unas oficinas chulas o porque nos hacemos muchas fotos para compartir en redes y humanizar nuestra marca (y no, ese no es el concepto que intentamos desarrollar de employer branding).
  4. O medimos o estamos destinados a ser eternas promesas de la organización. Mi gran caballo de batalla en el desarrollo de recursos humanos siguen siendo, una vez más, los indicadores. Como departamento core de la empresa, es de vital importancia que seamos capaces de trasladar a la Direccón una serie de indicadores y métricas que nos permitan dar sentido y credibilidad al trabajo que diariamente hacemos. Lo sé, no es tarea fácil, pero si queremos ocupar el puesto que por derecho merecemos es importante que dejemos de hablar de conceptos vacios de contenido y comencemos a medir y a demostrar que lo que hacemos tiene un alto impacto en el negocio.
  5. Vamos a comenzar a trabajar con un poco de sentido común, dejando a un lado modas que solo nos llevan a perder el foco y olvidarnos de lo importante. Con demasiada frecuencia veo como los departamentos de recursos humanos se dejen llevar de un lado para otro por lás últimas novedades (formativas, metodológicas, de gestión, de desarrollo, etc) sin antes analizar y valorar si les puede aportar algo. Analisis, sentido común y foco, deberían ser nuestros tres pilares básicos para no caer en cantos de sirena, que más allá de generar impacto, solo consiguen que perdamos un poco más la dirección correcta que nos llevará al éxito.

Por todo ello, al 2019 le pido…

  • Que comencemos o sigamos apostando (si ya lo estamos haciendo) por nuestro verdadero valor, las personas.
  • Que comencemos o sigamos apostando por su desarrollo en aquellos aspectos que verdaderamente son útiles tanto para la organización como para ellas mismas.
  • Que comencemos o sigamos luchando por colocar al área de recursos humanos en el centro de la organización, como eje fundamental de la empresa y única vía para hacer crecer el negocio.
  • Que comecemos o sigamos invirtiendo tiempo y recursos en realizar los cambios y mejoras que sean necesarias para seguir siendo competitivos en este entorno cada vez más complejo.

Gracias a todos por acompañarme un año más en mi aventura bloguera. Nos vemos en 2019, con nuevos post, nuevas entrevistas y alguna que otra novedad que os iré desvelando en los próximos días.

 

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Queridos recursos humanos

Queridos recursos humanos

Hace meses que quería escribir este post y no ha sido hasta ahora cuando he encontrado el hueco y la templanza para hacerlo. Es posible que si trabajas en el ámbito de los recursos humanos, estas letras no te gusten nada. Lo sé, soy absolutamente consciente de ello, pero por eso mismo motivo las escribo.

Desde hace algunos años vivimos inmersos en burbujas que nos llevan dando vueltas de un lado a otro y que discurren por temáticas de toda índole. Por supuesto, la gestión de personas y talento en las empresas no ha quedado fuera de esta moda. Hasta aquí todo genial. Es decir, si esta superburbuja de talento nos hubiera servido para avanzar, en estos momentos no estaría escribiendo este post y quizás lo estuviera haciendo sobre el gran papel de los Responsables de Recursos Humanos y sus departamentos en la transformación llevada a cabo. El problema es que los cambios profundos y la necesaria transición que deberíamos haber completado ya, aún, en muchos casos, no se ha llevado a cabo. Y por esto y algunas otras cosas, en muchos lugares, sectores y empresas están como están o si me lo permitís, siguen como siguen.

Tras un año 2016 cargado de grandes proyectos, aprendizajes y también, algún que otro sofocón, he decidio traeros hoy a este post los que para mi son los grandes talones de Aquiles de algunos Responsables de Recursos Humanos (por supuesto, no de todos, hay muchos claros ejemplos de trabajo bien hecho y camino recorrido con paso firme).

  1. No sin mi CEO. Entiendo que las decisiones haya que consensuarlas con el máximo responsable de la empresa, pero también entiendo que hay cuestiones del día a día que entran dentro del marco competencial del Responsable de Departamento de RRHH, que no necesitan esta supervisión. Para posicionar nuestros departamentos en el lugar que queremos, no basta con cambiar algún que otro nombre, desarrollar un plan de formación y decir que tenemos un plan de carrera envidiable. Para poner al Departamento de RRHH en la linea de salida junto a otras áreas estratégicas, debemos luchar y conseguir que los máximos responsables entiendan que las personas son las que dan sentido a la organización y que por lo tanto el área de RRHH no puede limitarse a realizar nóminas y efectuar altas y bajas de trabajadores.
  2. Confundir el tocino con la velocidad. Si queremos empresas ágiles y orientadas a resultados, tendremos que ser capaces de asumir riesgos y, en ocasiones, salirnos unos centímetros de la zona de confort para explorar nuevos horizontes. El problema es que en muchas ocasiones confundimos el ser un poco transgresor y disruptivos con saltarnos las normas y al final pasa lo que pasa. Desde la Dirección de RRHH debemos tomar las riendas y estar dispuestos a explorar caminos nuevos, defendiendo estas posturas ante las más altas esferas y apostando por el cambio como único generador de entornos distintos a los ya conocidos. Aunque todo lo que digo parece obvio, podríamos hablar largo y tendido sobre esto. Si os parece en otro post, nos alargamos 😉
  3. No ser un buen ejemplo para las nuevas generaciones. Imparto clase en algún que otro Máster de Recursos Humanos, así como en cursos concretos de diferentes temáticas relacionadas con la gestión del talento. Cuando hablo con los alumnos y me trasladan sus inquietudes y propuestas de cara a futuro me doy cuenta de que se están preparando para trabajar en entornos en los que aún hay un “nivel de caspa” importante. Las ganas e ideas para implantar soluciones y proyectos concretos relacionados con la gestión de las personas no encontrarán cabida en depende que empresas y no porque no sean viables, más bien porque los Responsables actuales no van a ceder ni un milimetro de su cuota de poder para que el “último que llega” implante soluciones “demasiado innovadoras”.
  4. “Yo no necesito reciclarme”. Si, lamentablemente escucho este tipo de cometarios más veces de las que me gustaría. Queridos Recursos Humanos, en un mundo en constante cambio, la formación continua, la apertura al cambio y estar dispuesto a aprender-desaprender-aprender durante toda la vida no es una elección, es una necesidad. Además de contar con una amplia experiencia, el entorno empresarial requiere de profesionales adaptados a los cambios y nuevos conocimientos que casi a diario nos encontramos para gestionar nuestros departamentos.

Por todo esto y alguna que otra cosa que me guardo para próximas entradas, este año quiero pedirles a mis queridos recursos humanos que nos propongamos como El GRAN RETO, convertir el 2017 en el año de la gran revolución y el cambio. Quiero que nos manchemos las manos y que apostemos y creamos 100% en lo que hacemos. ¿Estamos dispuesto?

Las vidas que inventamos

Las vidas que inventamos

Que las nuevas tecnologías han traido consigo un sinfín de cosas buenas no es un hecho discutible. Que las redes sociales han abierto puertas y ventanas a un mundo de posibilidades, tampoco creo que sea ninguna novedad. Que todo este nuevo ecosistema ha cambiado la forma en la que nos relacionamos, en la que disfrutamos de los momentos, la manera en la que contamos nuestra realidad, esto, esto si que es digno de un minucioso estudio que hoy necesito y quiero compartir con todos vosotros.

Las redes sociales (mayoritariamente) nos abren oportunidades de exposición al mundo que bien gestionada y buscando siempre la autenticidad, puede generar un retorno muy, muy positivo. Hasta aquí todo correcto. Ahora bien, cuando nuestra presencia, esencia y realidad se nos va de las manos y comienza a dar vueltas y vueltas sin sentido, entramos en el peligroso juego de inventar una vida que para nada se corresponde con la realidad. Y de repente te encuentras con miles de “amigos” o “followers” que te siguen, te adulan y te idolatran y que te hacen entrar en una espiral de ego, que si no sabes controlar puede tener repercusiones muy negativas. De repente te ves relacionado con personas a las que hasta que nos has ganado notoriedad o visibilidad no importabas nada y que ahora, justo ahora que te conviertes en un recurso que pueden usar, entonces si puedes formar parte de su círculo.

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Un mundo lleno de selfies, de frases hiperpositivas, de “likes” o de pies descalzos deseando zambullirse en paradisiacas playas o reposar en tumbonas de rayas de colores. Sin duda un mundo ideal y maravilloso. Pero también un mundo con días malos, momentos complicados y situaciones dificiles de afrontar o superar. Una mezcla de ambas, porque al fin y al cabo la vida no es más que eso, un cadena de buenos y malos momentos, necesarios los unos para los otros.

Un mundo en el que la necesidad de aprobación y de exposición continua  pueden llegar a ocasionar verdaderos transtornos (por supuesto siempre que esta situación te controle a ti y no al contrario. Todo lo demás, realizado de manera consciente, bienvenido sea) y que si no somos capaces de controlar a tiempo pueden generarnos verdaderos problemas en todos los ámbitos de nuestra vida. Los cimientos de nuestro día a día deben estar sustentados entonces en la consistencia, veracidad y el hecho de ser consecuentes con los que decimos y hacemos. Y en la vida 2.0 y aún más, aquella referente al ámbito profesional, esta premisa debe funcionar mejor si cabe. Hacer coincidir aquello que hacemos con lo que verdaderamente pensamos y con lo que transmitimos a los demás.

Cada cual puede hacer la lectura que estime más conveniente, es más, me encantaría conocer vuestra opinión al respecto. De lo que si estoy seguro es de que hoy mejor que mañana, todos deberíamos pararnos un momento e intentar actuar buscando esa esencia, originalidad y frescura que los selfies, smartphones y postureos varios, en muchos casos, nos están robando.

Y tú, ¿lo contratarías?

Y tú, ¿lo contratarías?

¿Seleccionarías para un puesto de trabajo que tenéis disponible en vuestra organización al chico de la foto de la cabecera de este post? Sé que la respuesta puede no ser fácil en un primer momento. Te dejo unos minutos para que lo pienses…

¿Ya tienes la respuesta?, genial. No hace falta que me la digas, me gustaría ofrecerte unos datos.

Y si te digo que este chico tiene un doble Grado en Derecho y Ciencias Políticas, Máster en relaciones internacionales y habla dos idiomas además de nuestra lengua materna. Acaba de llegar de trabajar en el extranjero y está intentando probar suerte en España. ¿Lo contratarías ahora? Piénsalo…

El tema es cuanto menos espinoso y aunque a algunos les pueda parecer superficial, no lo es en absoluto. Es cierto que la sociedad ha avanzado mucho y que ciertos prejuicios que venían existiendo hasta hace poco años, en la actualidad han desaparecido. Aún así creo que aún es mucho el camino por recorrer.

Durante muchos años he trabajo formando a los profesionales del sector turístico de Andalucía y en clase siempre surgía la misma pregunta. ¿Hasta que punto puede influir mi imagen a la hora de encontrar empleo? ¿Siguen las empresas dándole un gran peso a la apariencia y a lo que se ve externamente o ha quedado a un lado y lo único que importa es que el candidato sea el mejor para el puesto que tengo libre? Respuestas para estas cuestiones, tantas como personas estéis leyendo este post. Mi reflexión al respecto, cristalina. ¿Podemos permitirnos desperdiciar potenciales talentos simplemente porque su imagen no es tal y como esperamos o nos gustaría?

El mundo ha evolucionado a mucha velocidad y lo que hasta hace apenas 5 o 6 años nos parecía muy extraño en la actualidad se ha vuelto normal. Ya nadie (o casi nadie) se extraña de ver a un dependiente de Carrefour o Zara tatuado. La imagen comienza a quedar en un segundo plano para poner encima de la mesa la capacidad para hacer frente al puesto independientemente de como me vista, mi corte de pelo o los tatuajes que lleve. Sé que algunos me diréis que esto solo aplica a determinados puestos y que no en todos los casos ni en todas las empresas esto es viable. Aún así, si las empresas donde la atención al cliente es el core de su organización han avanzado en este aspecto, no creo que las demás no puedan hacerlo.

Llevaba meses queriendo hacer esta reflexión y justo hoy ha llegado a mis manos esta imagen que me ha transmitido las ideas necesarias en torno a ese gran cambio en el que nos encontramos inmersos. Las empresas comienzan a cambiar su manera de entender las cosas, revisan sus valores e intentan adaptarse, en la medida de lo posible, al nuevo escenario en el que nos toca vivir. En este nuevo escenario encontrarte con un perfil como el del chico de nuestro post va a ser lo más normal del mundo, por lo que debemos pensar si estamos preparados para gestionarlo sin caer en viejos errores.

Al fin y al cabo en una sociedad que presume de madurez y modernidad estas cosas ya no deberían llamarnos la atención, ¿o si? Sin duda, si con este post te he hecho pensar y reflexionar, he conseguido mi objetivo. Y ahora vuelvo a repetírtelo, ¿lo contratarías?